63. Alge

Posted: miércoles, junio 16, 2010 by Adrian Olam in Etiquetas: , , , ,
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¿A quién le debemos la vida...?

A las cosas que entendemos, por supuesto.

Son éstas que, por definición acotan todo aquello que pensamos 'no ser'. Son el margen adecuado para establecer una norma pertinente; en ese sentido, declarar distancia, por ende, objetiva.
Ésta es la naturaleza objetiva del objeto, su doble filo que la remarca como arma potente.

Las cosas que así las decidimos nos salvan la vida en tanto que por ejemplo, nos protegen de trazar demasiado tenue la línea que nos funde con el Universo; son pretextos para demarcar la cancha de juego de algo que de otra manera se desprecia como una continuidad acaso discreta, suficientemente vacía de eventualidad. Yo digo, aquí esta el lugar con estas cosas; pronto decido construir una arquitectura adecuada que me adecúe a ellas.

Salvadas las distancias, te digo a ti : una Cosa, un Pedazo ( unos pájaros; una era en polvo) a menudo han salvado las ruinas de un viejo anfiteatro.

8 comentarios:

  1. Anónimo says:

    Podrían tener 3 cosas en común, agregando que son increíbles :P

  1. Clau says:

    Cosas increíbles como tú, ALGE, Alfredo, Andrés, Andrés, etc etc...

  1. 3.1414 says:

    Los Anónimos son Cosas?

    Son increibles también ?

  1. Unknown says:

    ¡Y pensar que la imagen de un lugar apropiado jugaba en el corazón!

  1. Alge, eso no se dice en Aproximadamente, Nada.

    Aquí sólo se dicen cosas sin sentido, soeces, intrascedencias y sobre todo, mentiras como ésta.

  1. saturn-oh says:

    Hay una "a" en cada cosa, y también otras tres letras, pero hoy vamos a descontextualizar sólo a la "a".

  1. Unknown says:

    Olam, fijate que eres más importante que las eventualidades.

  1. Utopía says:

    Cuando de una palabra emerge un mundo, cuando el consuelo del viento abraza la tierra y comprendo que tengo una fogata en el corazón:

    desde mi ventana veo el ábol sin poder dormir y siento, pienso, y platico con el silencio...

    Y si te veo sonreír, si no te veo pero te evoco en la alegría de tus pantalones viejos, en tus manos pálidas y jugando a las escondidillas, en la ternura de nuestras miradas enamoradas de la vida, entonces creo que estas cosas son maravillosas y que para mi descubrimiento tienen otra cosa también en común: tu nombre...