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Posted: lunes, mayo 31, 2010 by Adrian Olam in Etiquetas: , ,
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A Calipso, y su Verdad interior.

8 comentarios:

  1. Unknown says:

    El teorema sacrosanto de la Vida,
    es que todas Verdades,
    son coloridas.

    --Aviso. De no entender, aquí SÍ la lisergida puede ser de ayuda.--

  1. saturn-oh says:

    Hermenéutica Inducida es el término técnico.

  1. Utopía says:

    también podría ser la mía..aunque me gustaría ver cuál es tu mentira favorita...

  1. Adrián Olam Verde says:

    En la teoría cromática de Olam - aquella que se estudia a través de la minuciosa observación de la tonalidad de las lágrimas que llora, de la salsa que NO le pone a sus tacos, del color que siempre pierde en cada cajita de crayones desde la tierna edad de 3- el Verde ha cristalizado su Verdad.

    Cromáticamente contrario al Rojo, el Verde es el color que no brota cuando dejamos correr la sangre. Es un tono que remite al orgánico 'natural' de las plantas, los helechos, los postes (a imagen y semejanza de , los árboles), el helado de limón, el limón y, más recientemente, a los ojos de cierta mujer que Adrián Olam ama.

    Sin embargo, el Verde todavía queda muy lejano dentro de una gama que Olam recuerda más o menos en la memoria. Su primer color favorito, desde la guardería ha visto una y otra vez desaparecer consumidos sus crayones y lápices llenos de Verita Vita, de fundamental Verdad.
    Les trae a ustedes como remembranza, la Verdad de ser niño, la Verdad de AlgeCalipso - antes, ahora y hasta la vista..
    Esta Nada : natural. Como la Verdad?

  1. 3.1414 says:

    Yo quiero una vida perenne. ;P;P

  1. Claudia says:

    Qué verdades tan ciertas (las verdes)

  1. Stella says:

    Verde que te quiero verde.
    Verde viento. Verde ramas.
    El barco sobre la mar
    y el caballo en la montaña.
    Con la sombra en la cintura
    ella sueña en su baranda,
    verde carne, pelo verde,
    con ojos de fría plata.

    Verde que te quiero verde.
    Bajo la luna gitana,
    las cosas la están mirando
    y ella no puede mirarlas.

    Verde que te quiero verde.
    Grandes estrellas de escarcha
    vienen con el pez de sombra
    que abre el camino del alba.
    La higuera frota su viento
    con la lija de sus ramas,
    y el monte, gato garduño,
    eriza sus pitas agrias.
    Pero quién vendra? Y por dónde . . . ?
    Ella sigue en su baranda,
    verde carne, pelo verde,
    soñando en la mar amarga.

    Compadre, quiero cambiar
    mi caballo por su casa,
    mi montura por su espejo,
    mi cuchillo por su manta.
    Compadre, vengo sangrando,
    desde los puertos de Cabra.
    --Si yo pudiera, mocito,
    este trato se cerraba.
    Pero yo ya no soy yo,
    ni mi casa es ya mi casa.
    --Compadre, quiero morir
    decentemente en mi cama.
    De acero, si puede ser,
    con las sábanas de holanda.
    No ves la herida que tengo
    desde el pecho a la garganta?
    --Trescientas rosas morenas
    lleva tu pechera blanca.
    Tu sangre rezuma y huele
    alrededor de tu faja.
    Pero yo ya no soy yo,
    ni mi casa es ya mi casa.
    --Dejadme subir al menos
    hasta las altas barandas;
    dejadme subir! dejadme,
    hasta las verdes barandas.
    Barandales de la luna
    por donde retumba el agua.

    Ya suben los dos compadres
    hacia las altas barandas.
    Dejando un rastro de sangre.
    Dejando un rastro de lágrimas
    Temblaban en los tejados
    farolillos de hojalata.
    Mil panderos de cristal
    herían la madrugada.

    Verde que te quiero verde,
    verde viento, verdes ramas.
    Los dos compadres subieron.
    El largo viento dejaba
    en la boca un raro gusto
    de hiel, de menta y de albahaca.
    Compadre! Dónde está, díme?
    Dónde está tu niña amarga?
    Cuántas veces te esperara,
    cara fresca, negro pelo,
    en esta verde baranda!

    Sobre el rostro del aljibe
    se mecía la gitana.
    Verde carne, pelo verde,
    con ojos de fría plata.
    Un carámbano de luna
    la sostiene sobre el agua.
    La noche se puso íntima
    como una pequeña plaza.
    Guardias civiles borrachos
    en la puerta golpeaban.
    Verde que te quiero verde.
    Verde viento. Verdes ramas.
    El barco sobre la mar.
    Y el caballo en la montaña

    Romance sonámbulo...García Lorca